Hoy regresas,
como el sol que rompe las cadenas del invierno,
como el agua que, después del estío,
rescata la raíz sedienta del olvido.
Fuiste ausencia,
un abismo de silencios que gritaban,
un reloj detenido en la herida del tiempo,
y cada segundo sin ti
era un eco de dolor que nunca moría.
Pero hoy, amor,
con un beso, desarmas la noche,
con una mirada, el mundo se hace nuevo.
No hay miedos, no hay sombras,
solo la verdad desnuda de este destino
que ni el hombre, ni el viento,
ni la furia del cosmos pudo arrancar.
No volvemos porque me amas,
ni porque yo te ame,
sino porque el amor, ese que nos sostiene,
es más fuerte que la razón de los días,
más vasto que el mar,
más eterno que la misma eternidad.
Hoy somos uno,
no porque quisimos,
sino porque siempre lo fuimos,
y el destino,
con sus manos invisibles,
nos volvió a juntar.
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