13 de junio de 2007

Mujer de fuego y de mar

 

 

Sus cabellos, con el brillo de hembra,

reflejan historias en cada hebra,

mientras sus ojos, ventanas abiertas,

muestran su alma, con sus luces y sus puertas.

 

Sus manos, fuertes, conocen el trabajo,

modelan la vida con paciencia y sin atajo.

En su risa, hay un eco de olas,

en su mirada, profundidad de mil violas.

 

No es solo su rostro que guarda secretos,

es su espíritu, libre como el viento en los huertos.

Su sonrisa, un faro en la noche estrellada,

guía a perdidos, con luz apaciguada.

 

En su paso, se escucha la danza del tiempo,

suspiros de estaciones, risas de un momento.

Ella es calma que sigue a la tormenta,

abrazo cálido, la palabra que alienta.

 

Sus años no son más que un leve susurro

en el vasto océano, donde el sol busca refugio.

Cada arruga, una historia, cada cana, un verso,

en su piel, se encuentra el poema del universo.

 

Libre, como el mar que se extiende sin final,

es su espíritu, sin fronteras, sin igual.

Ella la libertad que en el horizonte se encuentra,

la fuerza de la marea, amor que siempre aumenta.

 

Y en el trabajo diario, su fuerza no mengua,

lleva en su ser nobleza de la tierra.

Su corazón, un hogar que siempre espera,

donde se mezclan sueños, penas y quimeras.

 

En silencio fomenta mi curiosidad,

y en silencio fomenta ganas de tocarla.

Oh, mujer de años que son puro legado,

eres poesía en el mundo, un canto elevado.

belleza no se mide en lo que ven los ojos,

sino en el alma que a la mar susurra antojos.

 

Eres vida misma, con complejidad,

esencia de la costa, con inmensidad.

En tu serenidad, encontramos verdad,

de que la belleza es libertad y la eternidad.

 

Tú andar sensual, refleja pasión,

el mar de Antofagasta canta tu canción.

Eres mujer de fuego, de cielo y de sal,

un tesoro en tu esencia inmortal.

 

                                               JPabloc

 

 

5 de mayo de 2007

Solo Un Dia de Paz

 

 


Quiero escapar, dejar atrás la tormenta,

Un susurro me llama al olvido,

Intentar hallar donde la calma se cuenta,

En un rincón donde no he sido herido.

 

Recorro senderos de angustia y fatiga,

Oscuro es el camino que mi sombra persigue.

 

Estoy cansado de la batalla sin tregua,

Se desvanece la fuerza en cada jornada,

Cada latido, una carga que nieva,

Anhelo un lugar donde no haya más nada.

 

Perdido en el eco de mi propio clamor,

Abandonaré este campo de guerra y dolor,

Rasgaré las cadenas, romperé el lazo,

Nunca más volveré a este cruel abrazo.

 

No regresaré, lo juro en silencio,

El peso del mundo dejaré en sombra,

Cesará la lucha, este eterno infierno,

Encontraré paz en la calma que asombra.

 

Sigo un suspiro hacia el viento distante,

Invisible me haré, sin rostro, sin nombre,

Tan solo un eco en el aire constante,

Oscura es la tormenta, mi paz se esconde.

 

Perdido en mis pasos, me alejo despacio,

Al fin seré libre del yugo y el lazo,

Zenit de mi viaje, en la quietud hallado,

Necesito escapar, ser paz en lo amado.